El silencio respetuoso de ROMA

Para Margot

 

 

ANA LUISA ISLAS

La semana siguiente a la muerte de Manel, el mar rugía. Si está cabreado, no permite escuchar. Ensordece, lo cubre todo con su furia. Pocas veces el Mediterráneo es algo más que una piscina. Cuando hay tormenta en Barcelona, cuando hay marea alta y demasiados surferos salen a lucir sus trajes de neopreno, el mar calla todo lo que le rodea. Esos días de enero, el viento y el mar hablaban más fuerte que el resto. Así, como el mar cabreado, el heteropatriarcado acalla las voces que no le van. Desde hace tanto, que hemos perdido la cuenta de cuándo comenzó, las voces masculinas ensordecen. No permiten escuchar nada más. Y, sin embargo, de un tiempo para acá, como un mar en calma después de la tormenta, que quiere volver a escuchar a las gaviotas, hay algunos hombres que se han detenido a escuchar. Alfonso Cuarón y su Roma son un ejemplo de ello. Un silencio respetuoso, que quiere saber qué ha quedado vivo tras el agitado oleaje.

La gran mayoría de los largometrajes no pasan el test de Bechdel, ese que evalúa la presencia de las mujeres en los filmes, así como la relevancia de su papel y el contenido de sus diálogos. Prácticamente, las únicas películas que lo superan son escritas o dirigidas por mujeres. Roma está escrita y dirigida por Alfonso Cuarón, un mexicano, hijo de una de las sociedades más machistas que existen entre los países miembros del G20. Y, sin embargo, su película es un parteaguas. Un antes y un después, en la era del #metoo, a pesar de haber sido gestada antes de que la “revolución rosa” tomara los diarios, las mentes y las calles. Se trata de un filme necesario, en una época en donde otras voces más allá de las de siempre son imprescindibles. La marejada ha pasado, urge escuchar qué dejó tras de ella.

¿Y por qué Roma es más femenina que otras películas? Además de porque sus protagonistas son mujeres; lo es, porque respeta nuestros silencios. Cuarón no se ha enfrascado en ponerle voces a momentos en los que no hay palabras que expliquen lo que sucede. Dicen que los niños y los borrachos siempre dicen la verdad. Roma está escrita desde la mirada de Paco, hijo de una familia de cuatro hijos que están pasando por una tormenta, aunque poca consciencia tengan de ella. Ha dicho el cineasta que está basada en su propia visión infantil. Las mujeres de la infancia de Cuarón, como las de la vida real, no necesitan hablar. Se intuyen.

abrazos
Los abrazos mexicanos, que lo dicen todo sin decir nada.

Cuánta magia se puede decir con una mirada, con un árbol al viento o un mar cabreado. Para saberlo, solo basta preguntarle a Isabel Coixet, sin duda, lo acepte o no, una de las influencias de Cuarón para hacer este filme. En el último largometraje de la cineasta, La Librería, una escena en silencio, con sus protagonistas a la orilla de la playa, dice más que cualquier diálogo de amor en la historia del cine. Un jarrito de pulque que se rompe, un bosque que se incendia, un mar que cobra venganza, un abrazo que nadie quiere que termine, forman parte de nuestro lenguaje. Y Cuarón lo ha entendido perfectamente. Gracias a Liboria Rodríguez, la mujer que inspiró al director a escribir su obra maestra, el mexicano ha sabido escucharnos y leernos. Lo sabía desde pequeño, gracias a quien le enseñó a hablar, escuchar, amar y cagar. ¡Gracias a Libo, Cuarón es uno de los cineastas más vanguardistas de su generación!

No dejo de pensar en todas las “Libos” que ha habido en la historia de México. Y del mundo. Y pienso que ellas conectan dos mundos que parece que jamás se mezclarán. Que jamás se mezclarían. Demasiado tarde. María Fernanda Ampuero, la escritora ecuatoriana radicada en Madrid, habla de algunas mujeres todólogas, criadoras, limpiadoras y educadoras, en su libro Pelea de Gallos (Páginas de Espuma). Cada vez que miramos hacia ellas, que las honramos, que las nombramos, que las pensamos, hacemos también real ese amor que nos transmitieron, ese lenguaje que nos heredaron. Ellas nos trajeron a la ciudad la mística de los pueblos cuando los edificios nos habían hecho grises. Le dieron significado a nuestro silencio y prolongaron nuestra magia. Nos hicieron amar los tacos dorados, los frijoles y las tlayudas, nos obligaron a respetar a los fantasmas, la oscuridad y la luna. Nosotros, aún niños, felices e inocentes, alejados aún de toda la mierda, les enseñamos a leer, las llevamos al mar, les hicimos reír, las invitamos a jugar y les dimos el significado a sus vidas que la sociedad les arrancó a sus antepasados. Y ellas, llenaron nuestra vida de amor y significado, cuando los nuestros estaban resolviendo sus asuntos. Gracias Mina, gracias Viole, gracias Margarita. Gracias por sus silencios. Y por sus abrazos.

Gracias Cuarón, por recordármelos. Gracias por escuchar nuestros silencios, incluso a la mitad de las tormentas más estridentes. Gracias por retratarlos.

A pesar del esfuerzo que significa buscarla, recomiendo ver Roma en el cine. Hay un recurso que utiliza el cineasta que pienso puede hacer alusión a esa capacidad que dicen que tenemos las mujeres de escuchar lo que queremos y de cerrar nuestros oídos a lo que no queremos oír. Quizás no es algo de energías femeninas o masculinas y solo se refiere a una forma de retratar la memoria, que graba caprichosamente lo que le viene en gana. Cuando se saltan las olas, cuando se vive un duelo, no es que el resto de los sonidos desaparezcan, es que estamos concentrados en sobrevivir. Al mar, no hay que darle nunca la espalda, decía mi madre, cuando me enseñó a nadar.

Un comentario en “El silencio respetuoso de ROMA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s